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Wednesday, September 22, 2021

Cinco billones de dólares para cambiar a un estilo de vida verde


Cambiar de casa o de vehículo requiere de un presupuesto que, o bien procede del ahorro o bien de la financiación, y suele llevar aparejado, además, un cambio de estilo de vida. Pasar de la economía actual a la economía verde de cero emisiones, desde hoy hasta el 2050, cuesta 5 billones de dólares.

Limitar el aumento de la temperatura promedio a 1,5°C para 2050 requerirá, según la gran mayoría de los científicos, que el mundo elimine en forma neta las aproximadamente 50.000 millones de toneladas de gases de efecto invernadero que actualmente bombeamos a la atmósfera cada año.

Bill Gates divide las 50 mil millones de toneladas en emisiones anuales en las siguientes cinco fuentes:

El 31% de los gases de efecto invernadero que emitimos a nivel mundial se originan en ‘cómo hacemos las cosas’, el uso de cemento, acero, plástico.

El 27% proviene de ‘cómo nos conectamos’ o la producción de electricidad;

El 19% proviene de ‘lo que cultivamos’ (principalmente para comer) y el fertilizante que usamos para cultivarlo.

El 16% corresponde a ‘cómo nos movemos’, el transporte. De las aproximadamente 8 mil millones de toneladas emitidas por año en gases de efecto invernadero del transporte, aproximadamente la mitad proviene de automóviles, un tercio de camiones y autobuses, y una décima parte de cada uno de los aviones y barcos.

Un 7% de las 50 mil millones de toneladas surge de la calefacción y refrigeración de las viviendas, oficinas, fábricas, etc.

Al mismo tiempo que se pone fin a todas las emisiones netas a través de estas cinco fuentes, se debe conseguir que la gran mayoría de la población mundial, que vive en países emergentes, incremente su nivel de ingresos y que el nivel de vida de las personas en los países desarrollados no se vea afectado de forma demasiado negativa.

La Agencia Internacional de la Energía considera que incluso si se implementan por completo los compromisos políticos actuales, no nos acercaríamos ni siquiera al objetivo de emisiones de CO2 relacionadas con la energía de cero neto para 2050.

Emisiones netas cero requiere el despliegue masivo de todas las tecnologías de energía limpia disponibles, como las energías renovables, los vehículos eléctricos y la modernización de edificios energéticamente eficientes de aquí a 2030.

En el caso de la energía solar, equivale a instalar el parque solar más grande del mundo aproximadamente todos los días.

Este cambio exige una inversión anual total en energía de hasta 5 billones de dólares para 2030, lo que agregará 0,4 puntos porcentuales adicionales al año al crecimiento anual del PIB mundial, según la AIE y el Fondo Monetario Internacional. 

«La transición a cero neto trae oportunidades de empleo, con 14 millones de puestos creados para 2030 debido a nuevas actividades en energía limpia»

Es un gran impulso a la economía a medida que el mundo abandona la crisis de Covid-19. El salto en el gasto público y privado crea millones de puestos de trabajo en energías limpias, incluida la eficiencia energética, así como en las industrias de ingeniería, fabricación y construcción. Todo esto hace que el PIB mundial pueda ser en 2030 un 4% más alto que en el caso de que todo se mantuviera igual.

La transición a cero neto trae nuevas oportunidades de empleo, con 14 millones de puestos de trabajo creados para 2030 debido a nuevas actividades e inversiones en energía limpia. Gastar en electrodomésticos más eficientes, vehículos eléctricos y de pila de combustible, y modernización de edificios y construcciones energéticamente eficientes requeriría otros 16 millones de trabajadores. 

Pero a medida que disminuyan los combustibles fósiles se perderán alrededor de 5 millones de puestos de trabajo de personas que trabajan ligadas a ese modelo económico y muchas de ellas con salarios altos, lo que significa que los cambios estructurales pueden causar conmociones en las comunidades con impactos que persisten en el tiempo. Los políticos no podrán eludir ese impacto

En un escenario de cero neto, la demanda mundial de energía en 2050 será alrededor de un 8% menor que la actual, pero atenderá a una economía más del doble de grande y a una población con 2 mil millones de personas más que hoy. 

Ahora bien, como el 55% de las reducciones de emisiones acumuladas en la ruta al 2050 están relacionadas con las opciones del consumidor, como comprar un vehículo eléctrico, modernizar una casa con tecnologías de eficiencia energética o instalar una bomba de calor, los cambios de comportamiento, sobre todo en las economías avanzadas, son ineludibles.

Sustituir los viajes en automóvil por caminar, andar en bicicleta o el transporte público, o renunciar a un vuelo de largo recorrido, también proporcionan alrededor del 4% de las reducciones acumuladas de emisiones. De hecho, la AIE aboga por el fin de todas las ventas de automóviles de pasajeros con motores de combustión interna nuevos para 2035 y la ausencia de emisiones netas de la generación de electricidad mundial para 2040.

Los cambios afectarán a múltiples aspectos de la vida de las personas, desde el transporte, la calefacción y la cocina hasta la planificación urbana y el empleo. 

En teoría parece que la población es consciente de ello, pero hay al menos dos incógnitas que despejar, la de los gobiernos, que verán en el nuevo escenario los ingresos fiscales de las ventas minoristas de petróleo y gas se reducen en cerca de un 40% entre 2020 y 2030 y la de los particulares, que con una población de 9.700 millones de personas no se podrá vivir como hasta ahora. Cambio de valores y prioridades, no es sólo economía.

Carlos Balado

es profesor de OBS Business School y director general de Eurocofin

Source: Noticias

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