"La relación calidad-precio de las ingenierías españolas no tiene parangón"


Es el director general del Foro para la Ingeniería de Excelencia (Fidex), una entidad bajo la que se agrupan las diez principales firmas españolas. Fernando Argüello asegura que su función es la de «intentar que los niveles de calidad y excelencia que ha llegado a alcanzar la ingeniería española gracias al mucho y buen trabajo que se hizo en España no se pierdan o no se deterioren por la obsesión economicista de las administraciones en la última década».

– ¿Por qué es tan apreciada la ingeniería española en el extranjero?

– Durante 20 años se construyeron muchas infraestructuras en España, incluso demasiadas en opinión de algunos expertos, lo que llevó a que se formaran equipos multidisciplinares, muy experimentados que han sido capaces de desarrollar proyectos en situaciones muy complicadas. Hay que tener en cuenta que este país presenta condiciones geográficas y geológicas extremas en una superficie relativamente pequeña. Y como había abundante dinero, los profesionales innovaron mucho y desarrollaron técnicas muy específicas, de manera que cuando surgen problemas en alguna parte del mundo, aquí generalmente ya están resueltos, por lo que nos encontramos en situación de ventaja para competir en el extranjero. Además, como su productividad es alta, la relación calidad-precio de nuestras ingenierías no tiene parangón en el mundo. De hecho, grandes multinacionales del ramo centralizan en España su trabajo de desarrollo de proyectos.

– ¿Eso quiere decir que la formación universitaria de los ingenieros españoles es muy buena?

– Está reconocida en todo el mundo.

– O sea que hay una base universitaria, que falta en otros ámbitos, que explica este desarrollo.

– En España ahora mismo hay demasiadas escuelas de ingeniería de Caminos o de Ingeniería Civil, pero hay algunas, sobre todo las más antiguas y las de más renombre, que tienen mucho prestigio internacional. Hay casos, como el de la Politécnica de Madrid, en la que Icom, la gran ingeniería mundial –tienen 100.000 empleados–, lleva varios años captando a los primeros expedientes de la escuela, se los lleva a Reino Unido para formarles específicamente y, posteriormente, los distribuye por sus distintas oficinas.

– ¿Se han quedado en el camino muchas firmas como consecuencia de la reducción drástica de las inversiones en obras públicas?

– Muchísimas, varios miles, sobre todo pequeñas y medianas.

– ¿Cuáles son, en estos momentos, los principales caballos de batalla de las ingenierías españolas?

– Tenemos que distinguir dos ámbitos diferentes. En el exterior, mantener y ampliar la internacionalización de las empresas, así como aumentar su envergadura porque una empresa grande española puede tener entre 1.000 y 1.500 trabajadores, mientras que con las que rivalizan en los mercados internacionales cuentan con plantillas próximas a los 50.000, e incluso hasta los 100.000, como es el caso de Icom. Tenemos, por tanto, el desafío de alcanzar alianzas internacionales estables para aumentar el tamaño y competir óptimamente. Dentro, hay que seguir peleando por conseguir que las administraciones distingan entre ingeniería y construcción. La ingeniería es fundamentalmente una labor intelectual y, por tanto, no se puede contratar al más barato. Estamos dando pasos atrás con respecto a lo que ya hemos conseguido.

– ¿Qué perjuicios tiene que el precio tenga un peso tan alto, incluso del 100%, en los concursos de obras públicas?

– El principal es que el proceso completo de generación de infraestructuras sale mucho más caro al final. La ingeniería supone en España el 4% de la obra, mientras que en Europa central, los países nórdicos, Estados Unidos o Canadá está por encima del 10%. Obviamente, la consecuencia inmediata es que los proyectos están concebidos con menor profundización técnica y, por tanto, al estar menos pensadas, surgen muchos imprevistos que llevan a modificar la concesión de la obra e incrementar los costes en porcentajes de más del 20%, e incluso ha habido casos del 50%. Nuestra postura es tan simple como dedicar un poco más a pensar la obra. En este país sigue siendo más importante el cortoplacismo.

– ¿La apuesta por una ingeniería barata y la escasez de proyectos está haciendo que nuestra innovación se empobrezca?

– Por supuesto. La empresa pública Ineco sí innova. No tiene que pelear por precio ni luchar tantísimo por conseguir un contrato, por lo que puede permitirse el lujo de hacer I+D+i, aunque a un coste excesivo para el resto del sector.

– ¿Cuáles son los principales obstáculos que están encontrando los ingenieros en su expansión internacional?

– Aparte del tamaño, resulta que para optar a trabajar en el exterior hay que acreditar experiencia y ésta se consigue en casa. Y hace ya muchos años que no es posible porque apenas hay contratos y los pocos que hay se adjudican a la mitad o a la tercera parte de su precio, por lo que esas referencias son de escaso importe y no sirven de aval como empresa solvente para concursar más allá de nuestras fronteras.

– Se quejan de que la ingeniería Ineco les hace la competencia fuera y dentro de España. ¿Tiene sentido hoy en día la existencia de esta empresa pública?

– Entendemos que no, porque cualquier empresa, sea pública o privada, tiene que ser rentable. Una empresa privada lo tiene que ser para sus accionistas, y una pública para los contribuyentes. Ineco no es rentable. No tiene pérdidas porque trabaja a unos precios que están por encima del doble de los que presentan las firmas privadas. En sí es rentable, pero la inversión que realiza el Estado para que lo sea es muy superior a la que tendría que hacer si lo hicieran empresas privadas. Ineco trabaja a tarifa y sin baja. Desde Fidex y Tecniberia llevamos muchos años denunciando esta competencia desleal. Reduce a menos de la mitad el mercado de la ingeniería civil en España.

Source: The PPP Economy

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