El puzle a medio completar de la pujante inversión responsable


Las energías renovables y el desarrollo de infraestructuras para seguir descarbonizando y electrificando la economía son los principales temas de conversación en torno a la inversión medioambiental, social y de gobernanza (ASG). Mientras que la ‘A’ se centra especialmente en sectores boyantes como las energías limpias o los vehículos eléctricos, la ‘S’ y la ‘G’ se expanden por todo el tejido industrial abordando cuestiones que afectan a todas las empresas como la diversidad, el pago de salarios justos, la transparencia o la consecución de objetivos éticos.

«Cuando se habla de inversión ASG se incluyen los tres aspectos, reconociendo el mayor desarrollo de la parte ambiental, la ‘A’ (ambiental), sobre todo a raíz de los compromisos adquiridos por el sector financiero a partir de la COP21 de París en 2015», señala Francisco Javier Garayoa, director general de Spainsif, quien considera que la inversión social, la ‘S’, depende más de los acuerdos entre estados para desarrollarse. En su opinión, el programa Next Generation de la Unión Europea (UE) ha puesto en primer plano la inversión social dentro de las siglas ASG.

«Una de las razones por las que la ‘S’ y la ‘G’ están menos representadas es porque son aspectos muy concretos de las empresas y, sin embargo, la ‘A’ es un concepto más global, extendido y con mayor integración en la sociedad», dice Sergio Ríos, gerente de Imantia. Es más habitual que las personas estén relacionadas con temas de cambio climático o economía circular, pero no tanto que los consejos de administración y su composición reflejen una mayor diversidad o que se contrate a un director general de la empresa independiente del presidente del consejo, explica el experto.

El factor Covid

«La responsabilidad climática y medioambiental ha primado sobre otras cuestiones, especialmente las sociales», afirma Ophélie Mortier, estratega de inversión sostenible y responsable de DPAM, una gestora de fondos de inversión. Sin embargo, Mortier cree que los efectos de la crisis sanitaria causada por el Covid-19 han impulsado el interés de los inversores por participar en el factor social. «A los inversores se les pedirá cada vez más que apoyen y demuestren su responsabilidad social, sobre todo en materia de derechos humanos», afirma.

«El inversor exige cada vez más el control de los riesgos de buena gobernanza como forma de compromiso con el negocio y, especialmente, de buenas prácticas que puedan atraer capital», comenta Ríos, que considera que la transparencia es uno de los criterios ASG que más puede favorecer el atractivo de una empresa. Cuanto más transparente sea una empresa, mejor serán sus procesos internos y su posicionamiento entre los inversores, lo que se traduce en mejores indicadores para atraer flujos de inversión y generar menos volatilidad en el valor, según Ríos.

Se espera que haya 50 billones de dólares en activos ASG para 2025, un 40% más que los 37,8 billones que había a finales de 2020, según Bloomberg. Dentro del acrónimo ASG se incluyen diferentes instrumentos de inversión como acciones de empresas, ETFs, fondos de inversión o emisiones de bonos verdes. Entre las empresas cotizadas que siguen la ‘A’, es decir, la parte relacionada con el medio ambiente, se encuentran las renovables como Iberdrola, Solaria, Greenergy, EDPR o Gamesa. Otros valores que cubren esta área son los que centran su negocio en torno al desarrollo de vehículos eléctricos, como Tesla o Lordstown Motors.

En cuanto a la ‘S’ y la ‘G’, Ríos indica que la oportunidad de inversión está en la capacidad de beneficiarse de los cambios corporativos que contribuyen al progreso y abordan las desigualdades sociales. Un índice que, según el experto, tiene un enfoque especial en la ‘S’ es el STOXX Global ESG Leaders, que representa a empresas líderes con calificaciones en el pilar social.

Mientras tanto, el fondo de renta variable Baillie Gifford Worldwide Global Stewardship se centra en la ‘G’, es decir, en compañías que siguen mejores prácticas en gobierno corporativo. Otros ejemplo es el fondo cotizado (ETF en inglés) UBS-Global Gender Equality, el cual replica el índice Solactive Equileap Global Gender Equality 100 Leaders que sigue el desempeño de las compañías que mejor están trabajando para avanzar en temas de igualdad de género.

Otro segmento es de los ETFs enfocado en empresas que tienen a mujeres ejerciendo altos puestos de dirección, como el SPDR SSGA Gender Diversity, el Pax Ellevate Global Women’s Index Fund, el Barclays Women in Leadership o el Glenmede Women in Leadership U.S. Equity-Large Cap. Sólo 30 de las 500 mayores empresas en Estados Unidos son dirigidas por mujeres, una brecha de desigualdad en la que los criterios ASG esperan poner su granito de arena para poder cerrarla.

«Los aspectos sociales, la ‘S’, y los de gobernanza, ‘G’, están avanzando de forma gradual, superando dificultades de consensos, llegando a concretar indicadores que son considerados por los inversores sostenibles en sus políticas de inversión», dice Garayoa, de Spainsif.

Mercado en auge

En España se gestionaban 345.314 millones de euros en activos con criterios ASG en 2020, un 21% más que los 285.454 millones en 2019. Este aumento se debe a un mayor interés por las inversiones sostenibles a raíz del Covid-19, pero también a una mayor concienciación y madurez del mercado en torno a los ASG, afirma Garayoa.

Uno de los productos financieros que se espera que tenga mayor auge son los bonos relacionados con principios sostenibles, un instrumento que incluye indicadores de rendimiento vinculados a objetivos ASG. Bloomberg prevé que el mercado de bonos ASG crezca hasta los 11 billones de dólares en 2025, cuatro veces más que los 2,2 billones de 2020.

Este mercado de deuda ASG incluye también los llamados ‘bonos verdes’: emitidos para desarrollar proyectos sostenibles. «El diferencial que paga una misma compañía por un bono tradicional o uno etiquetado verde se sitúa en torno a los 8 o 10 puntos básicos en media», dice Ríos, de Imantia sobre los menores costes de financiación. «No supone una enorme diferencia, pero sí es una señal de la importancia de estar comprometido con las inversiones responsables», afirma Ríos.

Spainsif espera que los activos gestionados con criterios de sostenibilidad en España crezcan un 15% en 2022 en comparación con el presente ejercicio. No obstante, Garayoa considera que el mayor reto que enfrenta el sector de las finanzas sostenibles es llevar los vehículos de inversión ASG al inversor particular, ya que en muchas ocasiones productos como los bonos verdes son exclusivos para el institucional.

«Se trata de democratizar las finanzas sostenibles y poner en valor la demanda de productos financieros sostenibles por parte del ciudadano», concluye. 

Sellos de sostenibilidad

Existen diferentes sellos para identificar qué productos cumplen con criterios ASG. El primero que salió en Europa fue el sello ISR de Novethic, lanzado en 2009 y sustituido en 2016 por la «etiqueta oficial francesa ISR», respaldada por el gobierno francés, según explica Ophélie Mortier, estratega de inversión sostenible y responsable en DPAM. «La etiqueta ISR de Novethic, con más de 300 fondos etiquetados de más de 40 gestores de activos, y ahora la ISR francesa, se encuentran entre las más premiadas», dice Mortier. Otros dos instrumentos de certificación ASG son las etiquetas Luxflag y la FNG. La Luxflag fue creada en mayo de 2014, mientras que la FNG salió al mercado en 2015. «La FNG es la referencia para los países de habla alemana», dice Mortier. Mientras tanto, una de las herramientas más empleadas para ver el grado ASG de los fondos de inversión es el Sustainability Rating de Morning Star. «No es una etiqueta de sostenibilidad per se, ya que se examina cualquier fondo de inversión sea sostenible o no. En cambio, ayuda a estimar la calidad ASG de los fondos de sostenibilidad», dice.

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