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Saturday, May 8, 2021

El cierre de los accesos entre Portugal y España estrangula la economía transfronteriza


Los 1.214 kilómetros de frontera entre Portugal y España están cerrados desde el pasado 31 de enero, y así van a continuar al menos hasta el sábado 1 de mayo, fecha en la que debería entrar en vigor una renovación de la clausura o, por el contrario, una apertura que miles de personas aguardan como un maná económico.

De Galicia a Andalucía, pasando por Zamora, Salamanca o Extremadura… la actividad económica languidece sin el tránsito de los portugueses que pasan para comprar, con especial incidencia en los graves perjuicios para la hostelería y para las gasolineras, en vista de que cientos de vecinos solían cruzar con tal de adquirir combustible más barato (incluido aprovechar que las bombonas cuestan 13 euros, en lugar de los 35 que se pagan en suelo luso).

Las localidades que salpican La Raya (como se conoce a la frontera popularmente) están desesperadas, y no es para menos: solo entre el Algarve y Huelva las ventas en los comercios han caído entre un 40% y un 50% a lo largo de estos meses.

Nada extraño, por tanto, que sus alcaldes echen chispas, tal cual retrata el edil principal de Fuentes de Oñoro (Salamanca), Juan Carlos Suárez-Quiñones, con una comprensible contundencia: «El cierre de la frontera es ilegal». Unas palabras que redundan en la idea de que nadie entiende cómo es posible que permanezcan abiertos los accesos a Francia, pero no a Portugal.

Otro alcalde que se muestra muy preocupado es el de Rosal de la Frontera (Huelva), Antonio Carlos Vázquez, quien habla sin tapujos de «ruina económica» y detalla una lista de gremios afectados en la zona que va de los restaurantes a las carnicerías, cuyas existencias de cerdo ibérico no se venden tan rápido como antes.

La economía apenas aguanta ya el yugo de la clausura, se halla estrangulada de norte a sur, y así lo refleja la parálisis que se vive en Elvas, agonizante sin las decenas de ciudadanos de Badajoz que acostumbraban a desplazarse en su automóvil para ir a comer o cenar.

Solo se permite el paso a los trabajadores transfronterizos, a quienes transportan mercancías y al personal de los servicios de emergencia… pero siempre a través de los puestos autorizados, que no son todos los existentes ni tienen el mismo horario. Se calcula en unas 150.000 el número de personas que, solo en Galicia, residen en un lado y trabajan en el otro.

Se habilitaron recientemente dos casetas más para que la gente pueda cruzar también con todas las garantías a través de Vinhais, colindante con Zamora, y Ponte da Barca, frente a Galicia. Y es que se han venido manifestando sucesivas quejas porque cientos de personas tenían que desplazarse numerosos kilómetros hasta encontrar un lugar homologado en caso de que cumplieran los requisitos para trasladarse.

La lista de puestos fronterizos abiertos se considera insuficiente para atender todas las eventualidades, dado el alto tráfico de personas que se dirigen de un país a otro de forma constante. Los hay, además, que cierran a determinadas horas, así que los usuarios no tienen más remedio que recorrer hasta 100 kilómetros para alcanzar el siguiente punto de control.

Los siete puestos oficialmente reconocidos continúan operando a lo largo de las 24 horas, siempre que los viajeros acudan convenientemente acreditados.

Se trata de los pasos ubicados entre Vilar Formoso y la provincia de Salamanca, Caia y Badajoz, Vila Verde de Ficalho y Huelva, Castro Marim y Ayamonte, Quintanilha y Zamora, Vila Verde da Raia con Galicia y Valença do Minho, igualmente a las puertas de la frontera gallega.

Del mismo modo, se pusieron en funcionamiento por franjas horarias los pasos colindantes entre Marvao y Badajoz (de seis de la mañana a ocho de la tarde, de forma ininterrumpida) o entre Monçao y Galicia, de 6.00 a 9.00 y de 17.00 a 20.00, ya que está enfocado al tránsito por motivos laborales.

Esta misma premisa rige en los dos nuevos polos que se han añadido en la zona gallega: Melgaço y Montalegre, pues el tráfico hacia Orense y Pontevedra es el que mayor volumen presenta. Vinhais, en los alrededores de la provincia de Zamora, y Ponte da Barca, perteneciente al distrito de Viana do Castelo, se agregan con el fin de acrecentar las posibilidades.

Fue el pasado 31 de enero cuando se iniciaron estas nuevas restricciones, aplicadas en un país que ha ido de más a menos en el acierto de su gestión de la pandemia.

Los portugueses comienzan a impacientarse por el transcurso de los meses y la persistencia en las medidas coercitivas, que solo prolongan la agonía económica y social. Cierto que las cifras ofrecen un panorama de crecimiento no demasiado intenso, pero la incidencia continúa siendo muy elevada y los ingresos por coronavirus aún deben bajar mucho más en los principales hospitales de Lisboa y Oporto. En consecuencia, se mantiene la incertidumbre económica.

Source: Noticias

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