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Sunday, August 1, 2021

Las subidas de sueldo exigen cautela


«En el #DíadelTrabajo, agradezco vuestra contribución a la recuperación económica. El Gobierno trabaja para lograr más y mejor empleo», escribió Mariano Rajoy el pasado lunes en su cuenta de Twitter. El paro registró en abril su mayor caída mensual de la historia, hasta los 3.573.036 desempleados, y el Ejecutivo prevé que la tasa baje al 11,2% a finales de 2020: España es la segunda economía de la eurozona que más redujo el desempleo en el último año, la Seguridad Social ha recuperado los 18 millones de ocupados, el PIB creció en el primer trimestre, en tasa anual, al 3%… Los sindicatos consideran que ha llegado el momento de que los empresarios compensen el sacrificio realizado por los trabajadores años atrás. E incluso el ministro de Economía, Industria y Competitividad, Luis de Guindos, ha pedido que los sueldos empiecen a adaptarse a la actual situación económica.

Mientras que la patronal de las empresas ofrece subidas salariales de entre el 1% y el 2%, con la posibilidad de alcanzar el 2,5% en función de la productividad y de otras variables –porcentajes acordados entre los trabajadores y los representantes de las grandes compañías de distribución–, CC OO y UGT cierran su horquilla entre el 1,8% y el 3%. La propuesta de los empresarios parece definitiva, inamovible. Pero los sindicatos no firmarán un alza de salarios inferior al 1,5%, en línea con el nivel previsto de IPC. Piensan que es el momento de repartir la riqueza por la vía de la negociación, que los sueldos tienen que crecer y que deben estar garantizados por una cláusula que evite pérdidas de poder adquisitivo provocadas por las subidas de los precios.

La variación salarial pactada en los convenios con efectos económicos en 2017, registrados hasta el 31 de marzo, es del 1,26% –mientras que en marzo de 2016 fue del 1,12%–, ligeramente inferior al 1,24% firmado para los anteriores a 2017 y al 1,61% para los sellados este año.

110.000 empleos en juego

De los cálculos realizados por Javier Santacruz, profesor del IEB, se desprende que «en la coyuntura actual, una subida de salarios del 2% dejaría de crear 109.806 puestos de trabajo». Y es que la relación entre el nivel de sueldos y la destrucción de empleo cambia dependiendo del momento en el que se encuentre el ciclo. De hecho, en las fases expansivas de la economía el empleo crece aunque los salarios también lo hagan, y ahí la relación va en sentido contrario: más empleo supone más salarios, porque las dos variables son procíclicas.

Pero en épocas de recesión los incrementos salariales aceleran la destrucción de puestos de trabajo. Ahora, en un momento de recuperación, «los salarios caminan por detrás del crecimiento económico, pero sobre todo lo hacen en función de cómo evoluciona la productividad». Santacruz reconoce que ésta es difícil de medir, pero que sí existe una cierta idea de cómo tiene que progresar en un entorno de innovación tecnológica, fragmentación de los puestos de trabajo (algo que ayuda a la especialización y, por tanto, a la productividad aparente) y salidas del mercado laboral (se siguen registrando importantes caídas de la población activa). O lo que es lo mismo, el estancamiento de la productividad constituye el principal freno a las subidas de sueldos en España.

En cuanto al impacto que tendría sobre el PIB un aumento de salarios de esas magnitudes, Santacruz no cree que reste décimas al crecimiento, aunque advierte de que puede dejar de crearlas. «Se produce un efecto de sustitución entre inversión y consumo. Y el consumo, desgraciadamente, tiene un efecto multiplicador superior al de la inversión en el PIB a precios corrientes», esclarece.

Por su parte, Manuel Alejandro Hidalgo, profesor de Economía de la Universidad Pablo de Olavide, destaca que todo depende de la subida. La economía española, más que otras, siempre se ha caracterizado por responder intensamente con vaivenes en el empleo a las variaciones reales de los salarios. Pero dada la enorme dificultad de ajustar libremente esta segunda variable, a los períodos continuados de subidas en los salarios reales les seguían otros de aumento del desempleo cuando la productividad no acompañaba, y viceversa. Así, remarca que «la referencia es qué va a hacer no sólo el salario real, sino la productividad». En este sentido, Hidalgo piensa que aumentar los salarios nominales en un 2% no tendría que generar efectos nocivos, «siempre y cuando la productividad crezca lo suficiente como para compensar el aumento del salario real. Son varias las variables que entran en juego como para poder derivar una relación lineal y simple que permita predecir tales efectos».

Un aumento excesivo del salario real llevaría a un aumento de los costes y, por ende, a un freno a la creación de empleo y al crecimiento. Por otro lado, sin embargo, incrementaría la demanda y el consumo, lo que serviría para compensar. No obstante, «cuanto más se aleje el aumento del salario real de la evolución de la productividad, más se limitará el crecimiento». Y el profesor de la Universidad Pablo de Olavide recuerda que los aumentos masivos del desempleo en España han tenido lugar tras etapas en las que el salario real creció por encima de la productividad, «quizá con la excepción del último ciclo expansivo».

Si bien es cierto que en caso de existir un crecimiento no inclusivo no aumentar los salarios frena el crecimiento, porque gran parte de la renta generada puede estar yendo a manos con menos propensión a consumir, lo que termina deprimiendo la inversión y, con ello, el crecimiento; no es menos cierto que si esta tendencia se revierte puede ser beneficioso para el avance de la economía, siempre que no repercuta de forma significativa en los costes empresariales.

El Gobierno prevé un alza de los salarios del 1,3% para este año. E instituciones como el Banco de España insisten en la moderación salarial como vía para ganar competitividad y en que la evolución de los sueldos esté vinculada a la de la productividad, no al índice de precios. Hidalgo asevera que en España ha llegado el momento de subir los salarios de forma moderada y conforme a los aumentos de inflación y productividad.

La subida conveniente sería aquella que igualara los salarios reales a la productividad. Y para ello resultaría fundamental no sólo negociar grandes convenios, sino, sobre todo, permitir que las empresas puedan decir más de lo que pueden sobre cómo deben ser sus retribuciones. «Hay que descentralizar al máximo, cuando sea posible, la negociación de los salarios», apostilla Hidalgo.

El salario medio en España ha seguido creciendo durante la crisis. En 2016, según datosmacro.com, fue de 26.710 euros anuales, 451 euros superior al de 2015. No obstante, y a la hora de compararlo con los de nuestros países vecinos, Hidalgo opina que son relativamente bajos. Y esclarece que esto es normal dado que el nivel de productividad resulta inferior. «Los análisis comparativos con datos internacionales reflejan que nuestro salario medio concuerda más o menos con nuestro nivel de productividad». En este sentido, Santacruz sostiene que, por regla general, nunca se pueden comparar salarios simplemente con la cifra. «Hay que hacerlo teniendo en cuenta la inflación y el esquema de consumo de cada país y cada sector», matiza.

Poder adquisitivo

La economía creció un 0,8% en el primer trimestre, por lo que el PIB ya se sitúa a apenas cuatro décimas del nivel previo a la crisis. Pero, ¿cuándo se recuperará en España el nivel salarial anterior a la recesión? Algunos estudios señalan que los trabajadores que acceden al mercado laboral con menos de 25 años y sin estudios superiores lo hacen con salarios reales similares a los de 1993, por lo que están muy lejos de poder recuperar el poder adquisitivo disfrutado durante la época de bonanza. Para otros colectivos, sin embargo, la capacidad adquisitiva está cerca de alcanzar los niveles de 2008, «bien porque sus salarios reales apenas sufrieron ajustes, bien porque han visto recuperado en parte lo perdido en los últimos años», afirma Hidalgo.

Mercado laboral

Los bajos salarios son el principal argumento que ponen sobre la mesa los partidos políticos de la oposición a la hora de criticar la precariedad del mercado laboral. El ingreso medio por persona en 2015 alcanzó los 10.708 euros, un 2,8% más que en 2014. Sin embargo, el porcentaje de población en riesgo de pobreza se sitúa en el 22,3% (con datos de ingresos de 2015), frente al 22,1% del año anterior (con datos de ingresos de 2014). Hidalgo expone que los bajos sueldos son una consecuencia de varios factores que reflejan «otros» problemas de nuestro mercado de trabajo. En primer lugar, destaca la existencia de un elevado desempleo que afecta especialmente a colectivos, en general, con un capital humano muy bajo y una nula capacidad de negociación, lo que provoca una polarización del empleo y de los salarios. Asimismo, señala que el cambio tecnológico puede estar intensificando en España esa «brecha». Finalmente, piensa que la flexibilidad consecuente de las dos reformas laborales más recientes puede estar ayudando a la moderación o simplemente a la deflación de los salarios para algunas cohortes de empleo. Y alerta de que esta situación podría convertirse en un problema grave de mantenerse y perpetuarse, porque «creará bolsas de empleo muy mal remuneradas que pueden introducir inestabilidad en el mercado de trabajo y en el conjunto de la sociedad».

Source: The PPP Economy

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