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Tuesday, September 26, 2017

El mapa bancario continuará encogiendo


La venta del Banco Popular al Santander abrió la puerta a una nueva ronda de fusiones y adquisiciones. Si las diferencias existentes en los primeros puestos del ranking entre los tres principales bancos españoles eran demasiado pequeñas, con esta operación la entidad presidida por Ana Botín amplía la brecha con respecto a BBVA y La Caixa, recuperando el liderazgo en España, incrementando su cuota de mercado en un 7% aproximadamente, e incorporando más de 1.600 sucursales, más de cuatro millones de clientes y una cuota de mercado de crédito del 20%.

Fuentes consultadas explican que las nuevas fusiones no se desencadenarán exactamente por lo ocurrido con el Popular, pues no hay entidades tan dañadas. De hecho, la intervención y posterior adjudicación del que en su día fuera considerado como el mejor banco de Europa tranquiliza mucho al mercado financiero español, ya que ésta era la mayor incertidumbre que pesaba sobre su credibilidad.

Y aunque la absorción de BMN por Bankia resulte otro caso significativo, son noticias aisladas y no correlacionadas que se enmarcan en las secuelas de la crisis del sistema financiero, que todavía está dando sus últimos coletazos. Mientras que la venta del Popular se produjo después de una actuación de la Junta Única de Resolución, la fusión de BMN y Bankia es una decisión del FROB que no responde a una situación límite, sino que trata de facilitar su desinversión con un banco mayor y más eficiente. «Lo cierto es que ambas operaciones son muestra del proceso de consolidación bancaria que dan mayor estabilidad, dimensión y eficiencia a los bancos».

Enrique Pérez-Hernández, profesor del IEB, sostiene que el Santander conseguirá una generación de economías de escala –en las que está basado el negocio bancario– con un riesgo de ejecución gestionable, y que la competencia –especialmente los grandes bancos– se encuentra en condiciones de considerar un crecimiento no orgánico mediante la adquisición de las entidades que quedan.

Europa sólo quiere cuatro grandes bancos por país. No obstante, teniendo en cuenta la revolución tecnológica y la irrupción de las fintech, Pérez-Hernández piensa que en España, en un periodo de cinco años, «deberían quedar entre 10 y 15 bancos, y alguno más de nicho». En cambio, Juan Fernando Robles, profesor del Centro de Estudios Financieros (CEF), mantiene que el número de entidades dentro de cinco años será más o menos el mismo que en la actualidad, pues no espera que haya nuevas fusiones significativas. «Una vez que las entidades son solventes, y dado que vivimos una época de expansión económica, los incentivos para fusionarse se van disipando. Muchos bancos tienen una vocación de independencia que dificultará cualquier proceso. El reto para algunas entidades es intentar nuevas operaciones fuera de nuestras fronteras».

En cualquier caso, Robles augura que el mapa bancario español seguramente continuará concentrándose. «Pero no va a ser fácil», avisa. Y aclara que se trata de entidades solventes que únicamente decidirán fusionarse si sus accionistas lo ven conveniente en procesos corporativos en los que todas las partes salgan ganando. «La implantación de las entidades grandes y la necesidad de seguir reduciendo sucursales dificultan los procesos de fusión. Por eso, no veo las fusiones como algo inminente, sino más bien de medio plazo, cuando el mapa bancario se haya asentado definitivamente y las entidades hayan absorbido sus propios procesos de reconversión», agrega.

El profesor del CEF opina que la concentración bancaria en España, más que por un motivo estratégico o de negocio, se ha visto propiciada por problemas de solvencia. «En un mercado tan maduro, las propias entidades se sienten más cómodas compartiendo riesgos, por ejemplo, en el tramo de empresas, que financiando en solitario», detalla. Y en cuanto al mercado de particulares se refiere, apostilla que las formas de acceder a ellos estarán más relacionadas con las nuevas tecnologías que con amplias redes, «razón por la que para crecer en ese negocio, más que muchas entidades, hay que tener buenas plataformas».

En España, existe una gran brecha entre los bancos grandes y los medianos, así como entre éstos y otras entidades más pequeñas. «Esto hace que para un gran banco una fusión con otra entidad no le aporte el suficiente negocio como para llevarla a la práctica. Y, eliminando duplicidades, al final ni se gana tanto tamaño ni tanto negocio. Sin embargo, se ven obligados a sufrir riesgos y costes crecientes». Robles puntualiza que esta gran diferencia de tamaño hace más rentables y viables las fusiones entre iguales, que entre entidades grandes y pequeñas, pues estas últimas «aportan poco y pueden distorsionar más».

El profesor del CEF afirma que como nuestra banca está en crisis desde los años 70, durante las décadas posteriores el mapa bancario vio cómo se reducía el número de entidades. «La puntilla a este proceso ha sido la crisis de las cajas de ahorros, que han desaparecido como tales o se han integrado en entidades mayores». Robles recuerda que ningún otro país de nuestro entorno ha sufrido semejante proceso y que, en ese sentido, no han tenido que buscar como solución la integración para reflotar entidades en dificultades. «Ahora, quizá, Italia está viviendo un momento parecido al que España vivió hace unos años». De forma paralela, piensa que actualmente en España no hay un exceso de entidades, sino de costes y de redes de sucursales, que se irán retirando en el futuro, ya que la digitalización del negocio bancario generará excedentes de personal para el tamaño de mercado que ha quedado y que tardará años en crecer de forma significativa.

Pérez-Hernández asegura que España ha hecho los deberes al haber reducido la sobreabundancia de entidades. Y es que entre 2008 y 2017 se ha realizado un esfuerzo impresionante en términos de provisiones (300.000 millones de euros); y de recapitalización por desapalancamiento, venta de activos y aumentos de capital. Además, se ha acometido una reducción superior al 30% tanto en relación a las plantillas –el número de empleados ha disminuido desde los 270.000 a los 196.000– como en cuanto al número de redes, que han pasado desde las 45.000 a las 29.000. Aun así, el profesor del IEB cree que el proceso continuará, pues el marco regulatorio de Basilea y la actual política monetaria ultra expansiva sólo permiten mejoras de rentabilidad apreciables por sinergias de costes.

Source: The PPP Economy

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