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Thursday, October 28, 2021

Alemania, el niño prodigio para una Europa económicamente fuerte


Deutsche Bank es una de las instituciones financieras más grandes del mundo y Christian Sewing ha sido su presidente durante más de tres años. Durante la Conferencia Económica organizada por Die Welt y a menos de una semana de las elecciones generales en Alemania, Sewing ha llamado a los candidatos a pactar una agenda de política económica para Alemania como sede de negocios y ha advertido que «este país está al final de una era dorada y ahora necesita reinventarse». «No es solo que haya mucho en juego en estas elecciones. Es más que eso. Este es el último día, por así decirlo. Estamos ante una década en la que, como en los años veinte del siglo pasado, se marcará el rumbo decisivo. Con la diferencia de que marcar el rumbo esta vez puede dar muy buenos resultados», inició su intervención. «La semana pasada en Londres me di cuenta de lo importante que es esta votación. Por primera vez desde el estallido de la pandemia, habíamos reunido a nuestros mayores clientes institucionales, personas que gestionan un total de más de 30 billones de euros en activos. Me sorprendió el interés que mostraron los inversores por las elecciones en Alemania y lo mucho que sabían al respecto. Me quedó claro: el mundo nos está mirando en este momento, y no solo los inversores sostienen la respiración por ver qué será de este niño prodigio en Europa, que lo ha hecho tan bien durante la última década», relató, asociando el destino inmediato de la economía alemana a una serie de reformas europeas que considera imprescindibles. «Estoy convencido de que Alemania se encuentra al final de una era dorada y al comienzo de una gran agitación», auguró, señalando a cambios de mentalidad europea que determinarán el éxito o el fracaso.

Sewing defendió una Agenda 2030, para Alemania y Europa, basada en cinco pilares. Como el primero de ellos señaló la inversión. «Necesitaremos miles de millones de dólares para ser más digitales y sostenibles lo suficientemente rápido y, sobre todo, debe invertirse en el sector privado. No hay escasez de dinero: después de todo, los alemanes llevamos décadas generando un superávit por cuenta corriente gigantesco, del que estamos muy orgullosos. El problema es que estamos invirtiendo de manera subóptima esta riqueza», apuntó.

«Tenemos que volvernos más atractivos como lugar de inversión en general, con menos burocracia y leyes más simples. Debemos evitar sobrecargar a las empresas y los particulares con impuestos aún más altos, que ralentizan las inversiones y necesitamos un mercado de capitales europeo atractivo para poder distribuir correctamente las inversiones», siguió con su argumentación, «estoy de acuerdo con quienes dicen que no funcionará del todo sin capital estatal, pero ciertamente no funcionará sin un mercado de capitales europeo». «Simplemente no podremos financiar la transformación de nuestra economía. En otras palabras: no habrá Green Deal sin la Unión de Mercados de Capitales, indispensable para evitar problemas sociales masivos como la pobreza en la vejez. La combinación de tipos de interés negativos, precios en aumento, prestaciones para la vejez mal financiadas y pérdidas de rentabilidad sobre los activos invertidos es tóxica para una economía social de mercado. La clase media, columna vertebral de nuestra sociedad y democracia, amenaza con encogerse», añadió.

El segundo de los pilares que proponía está relacionado con entender la sostenibilidad como una oportunidad. «La protección climática no solo cuesta dinero: las estimaciones actuales asumen un requisito de inversión global de más de dos billones de euros por año para 2050. También significa una gran oportunidad. Como uno de los mayores fabricantes de bienes de equipo del mundo, tenemos que conseguir combinar lo digital con lo sostenible…Nuestro objetivo debería ser, por ejemplo, convertirnos en el líder del mercado mundial en soluciones de movilidad sostenible, ya sea para automóviles, trenes o aviones. Tenemos la tecnología, tenemos los conocimientos de ingeniería. Así que podríamos experimentar una especie de auge de las exportaciones 2.0, esta vez no solo exportando tecnología, sino también conocimientos sobre sostenibilidad y soluciones basadas en datos», defendió.

El tercer pilar de su exposición está referido al espíritu empresarial. «No es posible que la construcción de la fábrica de baterías de Tesla en Brandeburgo esté terminada pero aún no haya recibido la aprobación. Tampoco es posible que las autoridades escasamente digitalizadas y en red ralenticen las empresas y aumenten los costes administrativos. No es posible que gastemos mucha energía en preservar las estructuras existentes, consumiendo gran parte del presupuesto estatal y aferrándonos a lo insostenible», se quejó amargamente sobre la lentitud de los procesos burocráticos en Alemania y Europa, antes de llamar a sucesivos e inmediatos pasos de integración europea que faciliten los negocios en el continente. «Alemania sigue siendo la cuarta economía más grande del mundo y, junto con los otros 26 países de la UE, es incluso la tercera más grande. El problema es que no somos percibidos como una unidad en el escenario mundial y nos debilitamos a nosotros mismos y a nuestro poder de negociación», lamentó. «Para cambiar eso, necesitamos completar urgentemente el mercado interior. Y eso no es todo: Europa finalmente debe poder volver a tomar decisiones. Para ello necesitamos una nueva gobernanza en la UE: las decisiones por mayoría deben convertirse en la norma y, siempre que sea posible, sustituir el abrumador requisito de unanimidad. Muchas reglas que nos imponemos innecesariamente a nosotros mismos tampoco son prácticas. Estoy pensando en particular en la ley antimonopolio, que impide a los campeones europeos, porque estamos tan preocupados por la competencia dentro de Europa que ignoramos la competencia con el resto del mundo».

«Si Europa es tan importante desde el punto de vista estratégico, entonces necesitamos un plan de política económica claro. ¿Dónde está la estrategia para una Europa económicamente fuerte? Sin respuestas a estas preguntas, no estaremos a la altura de nuestro papel de liderazgo», llegó a su quinto pilar. «Necesitamos una cultura de responsabilidad y ambición personal. Lo vivimos nosotros mismos en nuestro banco: cuando decidimos reorganizarnos radicalmente hace más de dos años, no solo fueron las medidas individuales las decisivas, sino sobre todo la actitud, la convicción entre nuestros empleados de que realmente cambiaba algo. Y aquí también me gustaría recordarles la Agenda 2010. Funcionó no solo por las medidas que contenía, sino sobre todo por la señal que envió: que a partir de ese momento cada uno era inicialmente responsable de su propio trabajo, de su propia vida».

Source: Noticias

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